domingo, 3 de abril de 2011

OCHPANIZTLI

fig. 1 -  El glifo Ochpaniztli / "escoba"

Ochpaniztli significa, literalmente, "el asunto de barrer", y es, al menos de acuerdo al paradigma vigente entre algunos de los autores contemporáneos más importantes, la primera veintena del año. Antes de entrar de lleno en las fiestas, ritos y significados de la misma, vale la pena detenerse un instante para analizar el nombre.

El concepto de barrer era uno muy arraigado en la mente colectiva mexicana. En la antigüedad, esta actividad, preminentemente femenina (que no exclusivamente), además de su obvia connotación de limpieza física, se utilizaba en los lenguajes esotéricos (Nahualtlahtolli) para referir un una limpieza más sutil y personal; una limpieza espiritual; esta es la esencia misma de Ochpaniztli.

Hasta el día de hoy, los brujos y curanderos en México utilizan la palabra "barrer" para referirse a un método tradicional de limpieza "energética" y sanación que consiste en utilizar hierbas de olor variadas/ Velas/ Huevos a manera de escoba, para así barrer al individuo en cuestión; purificándolo de impurezas, suciedades, y demás inmundicias que éste pudiese haber acumulado durante el transcurso de su vida, ya sea por obra directa de un actuar pecaminoso, incorrecto; o por contacto con cualquier fuerza desfavorable a él; y estas suciedades se  llevan en el alma de igual forma en que se llevan las mugres y suciedades en el cuerpo. La suciedad espiritual se consideraba un lastre, y uno infinitamente más sutil que el que suponen las inmundicias netamente físicas; aunque considerablemente más pesado.

El glifo de la veintena es muy sencillo, muestra una escoba común y corriente (Fig.1) en clara alusión al nombre que ostenta, el barrido, la cosa del barrer i.e, la limpieza. Ochpaniztli era, en su definición más medular, una fiesta de renovación y limpieza a todos niveles: se barrían los caminos (en particular los cruceros y los templos que en los cruceros se construían en honor a las Cihuateteoh, las mujeres deificadas), se barrían las casas, los espacios públicos, se limpiaban las fuentes, se incensaban los utensilios de labranza y demás instrumentos de trabajo, al igual que a las personas. A todos se les barría con yerbas, y copalli como se hace hasta nuestros días, y se danzaban danzas de purificación y rituales, entre los que participaban las muy impresionantes sacerdotisas Xipeme, quienes por veinte días vestían la piel cuidadosamente desollada de una persona ritualmente sacrificada.

En fin, Ochpaniztli era la fiesta de la gran purificación y renovación del mundo, situada muy apropiadamente al inicio de la primavera en que la naturaleza toda parece renovarse a si misma y desprendedrse de su vieja, y gastada piel invernal (Cómo la piel muerta que cargan las sacerdotisas Xipeme encima). De hecho, en muchas, muchísimas culturas a lo largo de la historia, las sociedades tribales, antiguas, las clásicas, e incluso entre las contemporáneas, es muy común encontrar creencias generalizadas en que el inicio de año supone una renovación y una limpieza. En Ochpaniztli se barría con toda mugre e impureza acumuladas a lo largo del año anterior.

En el plano del mito, Ochpaniztli es mucho más complejo, nos remonta al legendario inicio de los tiempos, a los tiempos en que el mundo no había sido creado aún, y Ometéotl, la criatura elemental, habiendo decidido abandonar su absoluto reposo en la absoluta obscuridad, decidió crear un gran Jardín en el cielo, en lo que hoy conocemos como la luna. Ahí decidió crear cuatro criaturas elementales, los cuatro espejos humeantes (El blanco, el rojo, el azul-verdoso, y el negro), quienes a su vez, crearon al monstruo Tlaloc, quien reinaría en el jardín paradisíaco llamado Temohuaníchan (La casa de donde se desciende, la casa de la caída), junto con todas las posteriores creaciones, es decir, todos los dioses.

La protagonista de esta importantísima historia es una diosa, la única mujer en el antiguo paraíso lunar; su nombre no es sólo uno, ni dos, ella es conocida con decenas de nombres diferentes, y de igual forma, sus representaciones pictóricas son muchas y muy diversas, pero en un contexto más amplio, ella es una típica representación de la madre tierra; una Gaia, una Gea, una Geb, una Gayatri, una Pacha Mamma cualquiera. La inmensa mayoria de las culturas en el mundo entero han rendido tributo de una forma u otra a la tierra, y le han determinado atributos que son comunes en muchas de ellas, como por ejemplo, la fertilidad, por ende, la maternidad, la sexualidad, la virginidad, la generosidad, la putrefacción, la noche, los ciclos de florecimiento y decadencia, etc.

La mujer del paraíso, mujer de Tlaloc mismo, se llamaba Xochiquetzal, y éste fue uno de los sobrenombres que alcanzó más amplia difusión en el universo nahua al momento de la conquista. Xochiquetzal (O también Xochiquetzalli), compartía con otras civilizaciones todas aquellas características que hemos mencionado antes, y añadía una más que la hace una madre tierra muy particular: ella era también la luna. Pese a que el antiguo culto a Tonantzin fuera después desplazado por el de la actual virgen de Guadalupe, siendo ésta la versión europea de ella, sigue fungiendo dos papeles primordiales que viene fungiendo desde siglos atrás: el de devorar los pecados (redención), y su relación con la luna, astro sobre el que la virgen se encuentra parada.

LA LUNA, LA MUJER Y EL NÚMERO 13

Tonantzin era la luna, sin duda, y como la luna, era cambiante; pero de una forma muy clara, Tonantzin también era la tierra, y ambas esferas llevaban una relación muy estrecha en la cosmovisión antigua, y las diosas asociadas a ellas eran numerosísimas, y muy variadas, desde fecundas vírgenes pubertas, hasta horrorosas ancianas de cabellos enmarañados y con la cara arrancada. No obstante, hay cuatro diferentes grupos en que las diosas Luna-tierra pueden ser divididas, y como no es de sorprender, estos cuatro grupos coinciden en número y en características con las diferentes faces de la luna, profundamente ligada en la cosmovisión mexicana con el número 13, número sagrado en el México antiguo desde el inicio de la civilización, hasta el final; desde los Olmecas, hasta los Mexicas; y es un número muy relacionado con la mujer, pues hay 13 lunas exactas en un año más un día de amarre en un calendario netamente lunar, como probablemente lo fue el calendario mesoamericano en sus orígenes. A su vez, la mujer se encuentra comprensiblemente ligada a la luna por la periodicidad de su ciclo menstrual, 29 días, que es la misma que la de un ciclo lunar. Cabe mencionar también, que es al rededor de los trece años de edad, en promedio, que la mujer presenta su primera menstruación.

Los cuatro grupos de diosas-luna son en realidad una sola que ocupaba, junto con tan sólo unos cuantos otros dioses, una de las más altas posiciones en el panteón antiguo. Los cuatro grupos de diosas son los siguientes, mencionaré sólo el nombre más popular dentro de cada grupo:

XILONEN, LA LUNA CRECIENTE, Y LA GERMINACIÓN

Ella era también conocida como Chicome-Cóhuatl, que literalmente significa Siete Serpiente, la fecha calendárica en que dicha diosa nació. El actual pueblo de Chiconcuac, cerca de la ciudad de Texcoco, no lejos de la ciudad de México, debe su nombre a esta diosa, que era patrona de toda planta útil al hombre, y de toda semilla, y de todo fruto de la tierra, y era por lo tanto, una de las deidades más veneradas por los agricultores antiguos. Sin embargo, muy por encima de todo esto, Xilonen, o Chicomoe Cóhuatl, era conocida entre los mexicanos por ser la joven y fértil diosa del maiz, la radiante jovencita virgen de tan sólo 13 años acabada de nacer al mundo, lista para ser "cosechada", como la mazorca misma, a quien simbolizaba en su etapa más pura y tierna: el jilote (Xílotl, en náhuatl), que es el fruto del maíz cuando alcanza la etapa en que por primera vez se vuelve comestible al ser humano. El jilote es un "elotito" tierno de sabor dulce. Xilonen significa "vagina de jilote", de Xílotl = jilote, y Nentli, o nénetl = vulba, también es posible traducir como "útero de jilote" haciendo referencia a su perene virginidad. Otra perspectiva del lenguaje nos permite la traducción "ella, quien vivió como el jilote", del verbo nemi, "vivir", "ir por la vida..", cuya contracción puede muy bien ser expresada "nen".

De cualquier forma, el nombre hace una clara alusión a la virginidad de Xilonen, quien es una diosa muy joven, cuyo cuerpo no está del todo desarrollado aún, como los jilotes; sus caderas no han ensanchado, sus pechos no son prominentes, y pese a que la llegada de la menstruación indica que Xilonen es ahora una mujer, su cuerpo aún infantil no es muy distinto al de un muchaho de su misma edad, y es posible que sea precisamente debido a esta inmadurez física, que se le confiriera a esta diosa una marcada ambivalencia sexual, siendo muy frecuentemente representada como un infantil muchacho, delicado y femenino, correspondiente al Cintéotl Rojo, con quien Xilonen se intercambiaba casi indistintamente (No confundir con el Cinteotl blanco, Itztlacoliuhqui, la obscura contraparte del cintéotl rojo). El Cintéotl rojo es un jovencito-mazorca igual que Xilonen, como mazorcas, ambos son rubios (pelos de elote), y tienen en común muchos otros atributos, como el vestuario, ambos cargan un pectoral de oro en el pecho con la forma de un círculo, que los vincula irremediablemente a los dioses solares, tanto por el círculo en si, que representa al disco solar, visto también en los atuendos de Tonatiuh y Tonacatecuhtli (dioses solares: la partícula "tona", lo indica, significa "calor"), así como por la pintura facial roja que los dioses-mazorca presentan, y que los relaciona con el sol también, y con la casa del sol, el este-amanecer; y es precísamente en la parte matutina del año en que Xilonen y Cintéotl eran festejados, durante las grandes fiestas de la cosecha: a Xilonen-Chicomecóatl se le festejaba en Tozoztontli, junto con las madres del maíz (el agua y la tierra); y a Cintéotl el rojo en Huey Tozoztli, que son dos veintenas consecutivas y hermanas, celebradas originalmente del 20 de Octubre al 28 de Noviembre, y que representan las horas centrales de la mañana, si el transcurso de un año fuese comparado con el transcurso de un día. Estas veintenas comparten mucho más que sólo el nombre y en ocasiones eran consideradas una sola festividad, en la que se celebraba a los campesinos, situadas justo después de la primera veintena de la estación seca del año (el inicio del día), Tlacaxipehualiztli, que representa el amanecer. Otra veintena en que Xilonén era festejada, era durante la fiesta menor de los señores (la nobleza), en Huey Tecuílhuitl, junto al "muchacho florido", o "muchacho precioso"; Xochipilli, o Tlazopilli; patrón del signo zodiacal Ozomahtli, "chango", y un claro avatar del Cintéotl rojo.

A primera vista, el hecho de que una diosa tan categóricamente catalogada como lunar se muestre tan fuertemente asociada al sol en esta faceta joven es una muestra de la complejidad que presenta la caleidoscópica visión prehispánica de sus dioses y de sus relaciones en ocasiones aparentemente contradictorias entre los astros que representan y sus propios significados; pero dando un vistazo más allá, la relación entre la luna-xilonen y el sol es clara: ella es la luna, si, la luna creciente, pero también es una niña, es una renacida, una purificada y ese concepto, pertenece, sin la menor duda, al rumbo del este, que de otra forma era conocido como "la casa del sol", y todo ser que atravesara por el estado de pureza, frescura, y renacimiento que la casa del sol suponía, era ataviado con atributos de la casa del sol: el oro, el disco, la pintura roja, los cabellos rubios, los cascabeles, todo lo que indicara que ese ser era energético, activo, vivificado, y puro, como un niño, como el sol de la mañana... y ese ser revestido de tales atributos netamente solares podía ser cualquiera, venus, la tierra... incluso la luna.

Xilonén tenía su equivalente entre los mayas en la diosa Xquic, cuyo nombre significa sangre, en probable referencia a la primera aparición de la sangre menstrual. Xquic es una joven princesa del inframundo, que es misteriosamente preñada por el fruto de un árbol de guajes (Con grandes frutos redondos, colgantes, muy similares a cabezas humanas) que lanzó sobre ella un escupitajo (asemejado al semen en el lenguaje figurativo). Xquic es un ejemplo muy peculiar de la diosa virgen-embarazada, nutriendo una extraña figura de virgen-madre, muy frecuente en mesoamérica; terminando así, Xquic, como la madre de los gemelos heroicos protagonistas del Poopohl Vuh. Los gemelos posteriormente habrían de convertirse en el sol y la luna, señores del cielo.

Coatlicue, por otra parte, en la tradición mexicah, fue preñada sin tocar varón por una bola de plumas de paloma provenientes del cielo azul mientras que barría (Un ejemplo mas del barrido como la actividad típica de la madre tierra, por lo que su festejo en ochpaniztli, el barrido, está plenamente justificado). El producto de tan enigmático embarazo resultó ser nada menos que Huitzilopochtli, el sol para los aztecas. Coatlicue también era madre de la luna, Coyolxauhqui... es frecuente en la cosmogonía mesoanericana que la madre del sol mismo, señor del cielo, sea una virgen representante de la luna y la tierra, y que precísamente por virgen, por pura, y renovada, representa al este, y a la mañana, pues es en la mañana que al sol se le puede ver nacer de la tierra fresca y rejuvenecida tras la larga y obscura noche.

A diferencia de sus contrapartes en otras religiones (vírgenes cargadas de sexualidad prohibida y carnalidad rancia, no ejercida) la perene frescura de Xilo, así como su ambigua definición de género, hacen de ella una virgen tierna, muy alejada de la sexualidad en sí, de hecho, propiamente indiferenciada sexualmente a la vista común, COMO LAS PLANTAS, de quienes es patrona, al igual que de su germinación: indiferenciada, hermafrodita, ligera, sin carnalidad, y por tal, según la cosmovisión nahua, sin posible pecado...

Otra fue la historia cuando Xilo maduró...


XOCHIQUETZAL, LA LUNA LLENA, Y EL ACTUAR PECAMINOSO

Estamos ahora ante una diosa de la carnalidad. La luna llena era la mujer en el pináculo de su sexualidad, a los 26 años (13 x 2), y la relación entre Xochiquetzalli y el sexo son evidentes y abundantes. Ella es la patrona de la sexualidad, y de todo tipo de belleza. También del placer, del arte, y del amor. Sin embargo, el tipo de amor y placer que esta diosa representa, representan también un actuar transgresor, pecaminoso... sucio.

Asi, pese a ser la radiante y hermosa diosa del amor mexicana, en muchas ocasiones comparada con Venus y Afrodita por tantos cronistas e historiadores coloniales y contemporáneos, Xochiquetzal era también, la diosa transgresora por excelencia, y la diosa del pecado. Y es que su historia la precede, una historia que es una de las leyendas más importantes en el universo nahua que narra la caída de los dioses del jardín del paraíso (de nombre Temohuaníchan) tras la comisión de un imperdonable pecado a manos de la hermosa Xochiquetzal, quien se aventuró a transgredir la única regla impuesta por el creador sobre los felices dioses que vivían en el paraíso original; apacibles y eternos. Dicha regla les impedía cortar cualquier flor, rama o fruto del árbol florido al centro del jardín del paraíso. Un buen día, Xochiquetzal, engañada por un seductor coyote proveniente del este, corta una flor. El árbol se parte en dos, y sus flores comienzan a sangrar; el pacto entre el creador y sus criaturas quedó roto, y como consecuencia, el paraíso se perdió. Ometéotl decide desterra a Xochiquetzal del Temohuaníchan, y lanzarla hacia el caos eterno de las aguas primordiales, que era todo lo que existía entonces además del paraíso, en dónde, asemejada al caimán Cipactli, la caída Xochiquetzal vive solitaria en el exilio, flotando en la superficie de las obscuras aguas del caos primordial (que es la superficie terrestre flotando en el mar), volviéndose la tierra que los Mexicanos antiguos concebían, rodeada de enormes mares, dando eventualmente al hombre un lugar dónde vivir. Es importante mencionar que antes de ser expulsada, y también como consecuencia de su transgresión, Xochiquetzal tuvo un hijo, Cintéotl Itztlacoliuhqui, o el Cintéotl blanco, una piedra de obsidiana retorcida, cubierta de pecado (envuelta en algodón), sucia; la cual permaneció en el cielo tras la caída de su madre, aunque no por mucho tiempo. Cintéotl Itztlacoliuhqui es el otro gran personaje central de la veintena de Ochpaniztli, y hablaremos de él a detalle más adelante.

En fin, Xochiquetzal fue desterrada del cielo y lanzada a la tierra, dónde conoció la miseria por primera vez, la tristeza y el caos; eventualmente también conoció la muerte, volviéndose la diosa de la tierra por excelencia, la tierra firme que está rodeada de mares; la gran madre tierra, sobre quien se vive y quien nos alimenta. En este punto, tras su caida del paraiso, "la diosa" ya no es llamada Xochiquetzal, sino Toci Tlazoltéotl, y ya no representa a la hermosa luna llena, sino a la decadente luna menguante.


TLAZOLTÉOTL, LA LUNA MENGUANTE, Y EL EXÓTICO ASUNTO DE COMER CACA

Tlazoltéotl significa, literalmente, la diosa de la basura, de la palabra tlazolli, desperdicio (del verbo Tlaza, arrojar, tirar), y el sustantivo téotl, divinidad. Comúnmente es representada como una mujer de edad media (3 x 13 = 39), con el rostro pintado de blanco, vestida en forma humilde y sencilla: de algodón sin hilar, en bruto, con dos pequeños círculos negros pintados en los pómulos, una escoba, instrumentos de bordado en la cabeza, un instrumento de costura en forma de espada, un adorno nasal llamado Yacametztli, o "nariguera de la luna"; y el que sin duda es el símbolo más representativo de esta diosa, una mancha obscura al rededor de la boca, como si se hubiese ensuciado con algo al comer.

Todos estos atributos tan marcados, hacen de ella una diosa muy fácil de identificar dentro del panteón mesoamericano, este no es el caso con muchos dioses. Sus atributos nos hablan de una mujer madura y experimentada, conocedora de todos los asuntos que a una mujer concernían en las sociedades prehispánicas, haciendo esto de Tlazoltéotl una diosa general de toda femineidad. Tlazoltéotl, como cualquier señora de la época, hilaba, y protegía a quellas mujeres que también lo hacían; de igual forma, visitaba el mercado para vender aquellas cosas que en su telar producía, y así mantenerse a si misma, y a sus hijos; barría, lo cual la vuelve la figura central en las celebraciones de este mes. El barrido, junto con la mancha negra al rededor de su boca, indican una cualidad de la madre tierra que define muy bien a Tlazoltéotl: la de reciclar, la de tomar los desperdicios que todo ser vivo arroja (entiéndase mierda), devorarlos y transformarlos en alimento, en medicina, en flores, y en todo tipo de potencial para la vida.

La capacidad para crear vida a partir de algo sucio... esta es la esencia misma de esta diosa, y esta misma idea, es central para entender la importancia capital de Tlazoltéotl en el panteón nahua; y es que ella, como diosa de la feminidad, era la indiscutible patrona de la actividad femenina por excelencia: la de parir, la de producir pura y limpia vida a partir del sucio y decadente pecado; Tlazoltéotl es una diosa dual, que engloba ambos aspectos (patrona de las prostitutas y de las parteras).

De esta manera, la función social más destacada de Tlazoltéotl dentro de las sociedad nahua, se observa en su rol como patrona de las parteras, un gremio exclusivamente femenino y sumamente empoderado en el México de antes, pues además de ayudar a dar a luz a las parturientas, las comadronas jugaban un papel de gran importancia en la sociedad prehispánica: determinaban el nombre del recién nacido, y para ello, se servían de la cuenta de los días de un calendario especial basado no en el Sol, ni en la Luna, sino en una relación de estos astros con otros, como Venus y las Pléyades, su nombre era Tonalámatl, el misterioso calendario sagrado de 260 días (precísamente nueve meses, tiempo necesario para la gestación humana), y a diferencia de el calendario solar-lunar de 365 días, al que tenía acceso la totalidad de la población, y que el total de la población celebraba, el Tonalámatl era de uso exclusivo de una cierta parte del clero, y de las comadronas, así como de los brujos nahualli, aunque gozando, estos últimos, de una posición más bien clandestina dentro de la sociedad. En este modo, las comadronas mexicanas eran mujeres conocedoras de los astros y sus movimientos, así como de las hierbas y rituales necesarios para un parto exitoso, concepto que no sólo se limitaba a que el bebé naciera en buenas condiciones de salud, sino que requería de la correcta interpretación del entramado estelar al momento del nacimiento, así como sus equivalencias en la religión Macehual (la del pueblo), traducidas desde el calendario sagrado usado en la religión culta, la religión de los sacerdotes (Tlamacazque).

Ahora bien, todo lo anterior puede ser dicho sobre Tlazoltéotl en un plano netamente físico, en el plano simbólico, Tlazoltéotl era la gran devoradora de los pecados, la diosa de la confesión, el perdón, la limpieza, y la redención de todos los desperdicios y suciedades no físicas, de los pecados. La gente confesaba en privado sus pecados a Toci, le hacían ofrendas que representaban la mugre a limpiar y luego las dejaban podrir en el supuesto que ella las tomaría para después devorarlas y expiarlas. Esto le valió a la diosa un amor y una devoción especiales por parte de los pueblos nahuas, quienes la veneraban a la par de sus dioses tutelares, y cariñosamente la llamaban Toci (de Tocihtli), "nuestra abuela", o "Tonan", nuestra madre, nombre que hasta nuestros días recibe la virgen de guadalupe en náhuatl, y es justo y necesario notar, que aunque la virgen actualmente ya no come caca (no en público al menos), aún se le representa parada sobre una Luna menguante, y aún conserva su función redentora (ora pro nobis, pecatoribus, nunc et in hora mortis nostre, amen).

Tlazoltéotl es, en resumen, la bella Xochiquetzalli desterrada del paraíso, y convertida en la sucia tierra, rodeada del oscuro caos acuático, donde las aguas del cielo y las de la tierra se encontraban aún revueltas. El resto de los dioses, hombres todos ellos, serían también desterrados de Temohuaníchan un poco más tarde por el creador mismo, y es en la tierra (Tlazoltéotl, previamente desterrada) en que los dioses encontraron refugio y sustento cuando, tiempo después, ellos también fueran desterrados del paraíso. Tras su descenso a la tierra, los dioses comienzan inmediatamente el proceso de creación de la vida en ella. Este acogimiento a todos los dioses, le valió a la tierra el sobrenombre de Teteoh Innan, "su madre de los dioses", por el que también era ampliamente conocida.

Antes de ser desterrada, y como consecuencia de su transgresión (sexual), Xochiquetzal dio a luz. Este hijo fue nacido en el paraíso, y es equivalente al planeta Venus en su fase visible al amanecer (el lucero del alba). El nombre de su hijo es Cintéotl, diós del maíz y el diós padre de la posterior humanidad (de Cintli, maíz, y téotl, diós).

Tlazoltéotl es la madre tierra sobre la que se habita, y por habitar en ella, y por los frutos que brinda, así como por la mierda que reciclaba, Toci era también el prototipo divinizado de lo que una mujer debía ser en la sociedad (barredora, proveedora del hogar, tejedora, bruja, amante y madre). Dispuesta siempre a perdonar los errores de sus vástagos). Tlazoltéotl es la madre tierra mexicana por excelencia, y es también la luna menguante, decadente; una mujer experimentada en las artes de ser mujer, la mujer divinizada que ha conquistado la maternidad, lo que era visto como un logro heroico por parte de una mujer, equiparado a las actividades bélicas en el hombre, representadas por la contraparte masculina de Toci, Xipé, celebrado, muy paralelamente, al inicio de la estación seca, exactamente 6 meses después de los festejos de Ochpaniztli.


ILAMATECUHTLI, LA LUNA NUEVA, Y LA ESTÉRIL MUERTE

La luna nueva es la fase de la luna en que el satélite se encuentra completamente cubierto por la sombra de la tierra, lo que hace imposible verle a simple vista; como si la cara de la luna hubiese sido arrancada del cielo. Es la luna negra.

A través de los siglos, y no sólo en México, a la luna negra le han sido atribuidas características relacionadas a la esterilidad, la enfermedad, la brujería, y la muerte. El nombre que en el antiguo México se le dió a la luna nueva fue Ilamatecuhtli, o simplemente Ilama (que quiere decir, la vieja), y se le representaba como una mujer de edad avanzada, pasada la menopausia (situada al rededor de los 52 años, 13 x 4), y tras la cual, la mujer deja de ser fértil. La parte inferior de la cara de Ilama se encuentra arrancada, sólo queda la calavera, y podemos ver sus maxilares expuestos; sus cabellos se encuentran enmarañados, como los del monstruo de la tierra, Tlaltecuhtli, quien también lleva la parte inferior de la cara arrancada, y quien no teniendo un sexo determinado, se confunde con ella en su faceta femenina, y con Tlaloc, en su faceta masculina (es una diosa comúnmente indiferenciada sexualmente, cómo Xilonen). Ilama también es frecuentemente representada con la cara completamente arrancada, y a veces toda ella es una gran calavera, acercándose mucho a la señora del inframundo, Miccatecíhuatl.

La luna nueva es la representación de la obscuridad completa, del caos primordial, y por lo tanto, figura frecuentemente en las historias de la creación, en donde el monstruo del caos (preexistente a la luz misma) es vencido por la luz-orden-civilización, este es el caso con la historia de Mixcóatl, En dónde la diosa de lo obscuro es mostrada en una de sus representaciones más monstruosas, la de la mariposa de obsidiana, Itzpapálotl, el gran monstruo de la noche, la gigantesca bruja-mariposa con garras y patas de jaguar, recubierta toda de navajas de obsidiana arcoiris, y, una vez más, con la boca descarnada; vencida por Mixcóatl Camaxtli al inicio de la vida sobre la tierra. Mixcóatl (Cintéotl crecido y maduro), naturalmente, es la primera luz que hubo en el mundo y vencedor de la obscuridad  y se le compara con Venus, que en su fase vespertina puede ser visto junto con las primeras luces de la aurora, justo antes de salir el sol.

Dentro del calendario civil-religioso de las veintenas, la celebración de Ilamatecuhtli se encontraba situada hacia finales de la estación lluviosa-femenina, y representaba a la tierra cansada tras la larga crianza del maíz, cercano ya a su cosecha para entonces, al inicio de la temporada seca, tan sólo dos veintenas más adelante.

 La veintena en cuestión se llamaba Títitl, estiramiento, en alusión al viejo y arrugado vientre de Ilamatecuhtli, asemejado a la tierra cansada de la milpa que ha llevado al maíz a su pleno desarrollo, y a la que había que "estirar", o rejuvenecer, ritualmente, para llevar a buen término el desarrollo de la planta sagrada durante las siguientes dos veintenas.

El nombre más difundido de la diosa vieja entre los nahuas al momento de la conquista era Cihuacóatl (Serpiente hembra). Fue ella quien en la leyenda que narra de los tiempos inmediatos posteriores a la creación del quinto sol en Teotihuacán, tras los saltos al bracero, y la inmolación de los dioses; tiempos en los que el héroe mesoamericano por excelencia, el diós de la vida y el aliento, Ehécatl Quetzalcóatl emprende la tarea de repoblar al mundo, tras haber perdido éste sus cuatro humanidades anteriores a cuenta de horribles catástrofes propinadas por los propios dioses encargados de velar por el destino de aquellos otros hombres, o bien por las fuerzas antagónicas a estos. Ehécatl decide partir, junto con su nahualli, el monstruo-perro del infierno, el señor Xólotl, al inframundo, al Mictlán, a pedirle al señor de los difuntos los huesos de la primera humanidad que hubo, que era una antiquísima raza de gigantes, nobles y sensibles, de quienes Tlaloc, por cierto, el diós más viejo de quien se tiene memoria, se dice que era un valiente capitán. El sol de esta raza, es decir, su era, el primer sol, terminó violentamente con la llegada de telúricos jaguares nocturnos a la tierra que devoraron cruelmente a los gigantes, los primeros hombres.

Tras no pocas penurias, Quetzalcóatl y su doble perro infernal logran heróicamente atravezar los nueve niveles del infierno Mictlán hasta llegar cara a cara frente al gran Mictlantecuhtli, señor de los muertos, quien escucha atento el plan de Quetzalcohuatl de repoblar la tierra ahora que el quinto sol y la quinta luna han nacido. Al final, accede a entregar los huesos de los primeros hombres, y así lo hace, mas al partir la serpiente emplumada, a Mictlantecuhtli le ocurre un imprevisto cambio en su parecer, y decide que debe recuperar los huesos dados al señor de la vida, y entonces, mostrando su faceta más feroz jamás documentada, Mictlantecuhtli inicia una viciosa persecución contra Quetzalcóatl, quien muy a final de cuentas logra volver a la tierra y escapar de la gran calaca, pero no sin daños que reportar, durante su huida, el costal de huesos que el diós cargaba cayó al suelo, rompiendo los huesos en muchas fracciones, y es por eso que ya no somos tan gigantes como los primeros hombres.

De regreso en la tierra, Quetzalcóatl visita a la vieja Ilama (la tierra misma), quien se da a la tarea de moler los huesos traídos del infierno y mezclarlos con el semen y la sangre de Quetzalcóatl, para así al fin, dar orden y forma a los primeros hombres, a Tahta, y a Nenne.






↑ "Para que clara y manifiestamente se vea, quiero que se consideren los ritos, las idolatrías y supersticiones que tenían: el ir a sacrificar en los montes, debajo de los árboles sombríos, a las cuevas y cavernas de la tierra; el encender y quemar incienso (...) ¡Toda ceremonia judaica de aquellas diez tribus de Israel! (...) Y lo que más me fuerza a creer que estos indios son de línea hebrea es la extraña pertinacia que tienen en no desarraigar de sí estas idolatrías y supersticiones yendo y viniendo a ellas como se ve de sus antepasados..." Durán, Diego (1581/1967), Historia de las Indias de la Nueva España, México:Porrúa, II, 24.

El tiempo: Xiuhtecuhtli, el ser en el centro.



Xiuhtecuhtli, el dios del tiempo, es el tránsito de los astros por los tres mundos; el cielo, la tierra y el inframundo, y era representado por los antiguos mexicanos de diferentes maneras de acuerdo con la posición de un astro en una unidad de tiempo dada (un sol: un día, un año, una vida humana...). Así, Xiuhtecuhtli era llamado Milíntoc cuando representa a un astro del amanecer, como el Sol o Venus, o la luna que crece, significa el "revivido"y era visto como un niño pequeño, a veces un bebé, lo que lo asemeja a Hutzilopochtli, quien en varios códices es representado de la misma forma (e.g. códice boturini, tira de la peregrinación); También se le llamaba Ixcoxauhqui ("cara amarilla") cuando éste se encuentra en zenit, medio día y tomando la forma de un ardiente guerrero y confundiéndose con el disco solar mismo, con Tonatiuh; por otro lado, está Huehuetéotl, que es el sol que desciende al inframundo, con cualidades lunares y venusinas, huehuetéotl representa a todos los astros que descienden sobre la tierra y simbolicamente la fecundan. Es el sol en movimiento, pero no sólo el sol, es también venus en sus ciclos matutinos y vespertinos; y también es la luna y todos aquellos astros cuyos ciclos son mesurables y predecibles, es decir, Xiuhtecuhtli es, tal cual, el tiempo.



El Códice Florentino dice sobre él:



"In teteoh innan, in teteoh intah
In tlalxicco onnoc,


In xiuhtotoática mixtza


Tzacuíltica


In Huehuetéotl...


In ayamictlán...


In Xiuhtecuhtli."



Traducción:


"Madre de los dioses, padre de los dioses,


Acostado en el ombligo del mundo (de la tierra)


En el interior de la pirámide de turquesa, agazapado.


En las nubes y en el agua azul, cual pájaro precioso.


Viejo dios...


Micltán brumoso...


Xiuhtecuhtli".


Xiuhtechtli vive acostado en el centro de la tierra y así es como se le representa en la tápa del códice Fejervary-Mayer, en el centro mismo de la tierra, justo en medio de los cuatro árboles cardinales que sostienen la bóveda celeste.

Xiuhtecuhtli es el ser en el centro, el indiferenciado, que es a la vez padre y madre de los dioses, el que lo abarca todo y gobierna sobre las cuatro direcciones de la tierra y sobre todo lo que es cuádruple, gobierna el mundo.


Pero además del mundo, Xiuhtecuhtli habita también en la pirámide azul turquesa que es el cielo, "entre las nubes y en el agua azul. Los mesoamericanos, al igual que los egipcios entendían la bóveda celeste con la forma de una pirámide, lisa en el caso egipcio y escalonada para mesoamérica (y dividida en trece estratos con el omeyocan en la cima). Esta forma de concebir el cielo parece ser una conclusión aparentemente lógica si se toma en cuenta que el recorrido del sol describe una pirámide al subir desde el oriente hasta el zenit y volver a bajar al poniente.



Finalmente, se menciona al brumoso Mictlán, la gélida región de los muertos por la que el sol, la luna y todos los astros transitan cuando no se ven en la bóveda celeste, el mictlán es un país debajo del mar al que se accede por ciertos puntos especiales del mundo, como las cuevas y los ojos de agua, así como los grandes remolinos.


Podemos resumir, muy a grandes razgos, que en lo iconográfico, Xiuhtecuhtli es el centro de los cuatro rumbos, y por lo tanto, la unión y sincretismo de todos ellos, y se le depicta en diferentes facetas y avatares de acuerdo al rumbo del universo al que se incline (un niño al amanecer- este, un guerrero a medio día - sur, un fogoso amante y progenitor al atardecer - oeste, y un anciano a media noche - norte). Xiuhtecuhtli representa el movimiento de los astros en el cielo (que es color de la turquesa, ó Xiuh, palabra que da nombre a este diós), que es en si el tiempo y esto nos permite ligarlo virtualmente a casi cualquier diós en el panteón prehispánico, pues la inmensa mayoría de los dioses antiguos hayaban la raíz de su significado o razón de exisencia en algún evento astronómico cíclico, predecible y mesurable.

Dicho todo esto, vale la pena ahondar más en un aspecto de Xiuhtecuhtli que resulta capital para entender a esta importantísima deidad, y me refiero a su aspecto como diós del fuego. Toda cultura en el planeta, toda civilización, virtualmente toda manifestación religiosa en el mundo tiene y ha tenido entre sus fenómenos naturales a adorar, un lugar especial para el fuego, y entre muchas culturas de Occidente y Oriente ocupó la posición principal del panteón, sin embargo, éste no fue el caso de Mesoamérica, en dónde el fuego, pese a ser una de las cuatro obras primeras del creador, junto con el agua, la tierra y el aire ( los cuatro espejos humeantes), al diós del fuego se le entendía como un gran diós del pasado, que había sido fuerte y glorioso en sus días, pero que tras morir, renació purificado revitalizado, pero en alguna forma disminuido. En Mesoamérica, el diós del fuego no era la fuerza dominante en el mundo, era la primera luz del mundo, que secó la tierra y la hizo habitable, sellando la bóveda celeste y emitiendo la primera luz. Es importante remarcar lo siguiente: en su calidad de ser en el centro de los cuatro rumbos, Xiuhtecuhtli puede ser equiparado con muchos dioses de todos los rumbos, pero en su calidad de diós del fuego, Xiuhtecuhtli representa, muy en particular, al planeta Venus, que por estar tan cercano a la tierra, tiene un tamaño mayor a cualquier otro cuerpo celeste, después de la luna y el sol, lo cual la hizo merecedora de su nombre en náhuatl, Huey Citlalin, o Gran estrella. Su historia es la historia de un antiguo diós guerrero, nacido del pecado y desterrado al nacer desde el plácido cielo y hacia la fría tierra, en donde se habría convtido en la primera luz para el mundo recién creado, y a quien el tiempo, así como su propia historia lo llevarían a volverse un temerario guerrero que en una mezcla muy interesante entre historia y mito, se cuenta que guió a su pueblo, los entonces incipientes y todavía nómadas pueblos de raza Tolteca, desde la legendaria y fabulosa Tollán, localizada en algún punto de Norteaméricaha, hasta las tierras centrales de México central. Eventualmente, su amor por una dama lo llevaría a suavizar sus ánimos guerreros, y por consecuencia, a morir a manos de sus enemigos,, sólo para renacer más tarde, por obra de su hijo, tras vengar su muerte. Renace por el este, rejuvenecido y revivificado, pero disminuído en brillo y en poder. Es el padre del sol, el astro de mayor brillo en la actualidad.

Entre las historias mayas, el padre de los gemelos heróicos (posteriores sol y luna de la nueva era) es de igual forma muerto y posteriormente revivido por sus hijos, tras la definitiva derrota inflingida por estos sobre los dioses del inframundo. Sin embargo al rvivir, el padre de los gemelos (equivalente a Venus) regresó al mundo sin la capacidad de nombrar a aquellos que lo crearon, sin poder hablar, cómo los animales... De igual manera que su contraparte mexicana, el Venus maya es visto como una especie de sol del pasado que luchó, murió, y renació revivificado, pero disminuido, muy en particular en contraste con su hijo, el sol.

La fiesta principal de Xiuhtecuhtli se celebraba hacia el final de la mitad lluviosa y femenina del año, en el mes de Izcalli, "la revivificación", situándose cómo la penúltima veintena de la estación lluviosa. En paralelo, Xiuhtecuhtli también era celebrado, aunque quizas más modestamente, en la segunda veintena de la estación lluviosa-femenina, Teotl Eco, o "el diós llega”; lo que crea un paralelismo intesante, teniendo este diós sus dos celebraciones principañes en el año justo una veintena después de iniciar la estación lluviosa, y una veintena antes del final de la misma estación, pues Venus aparece durante el año en dos momentos diferentes: justo después del atardecer (es decir, después del inicio de la estación lluviosa); y al final de la noche, un poco antes de amanecer, justo antes de que salga el sol (o en términos calendáricos, un poco antes de terminar la estacion lluviosa).

Xiuhtecuhtli es el patrón del día Itzcuintli (perro).
F!


Las cuatro semillas de los cuatro árboles en los cuatro rumbos del mundo

Las semillas a sembrarse las he escogido, cada una, por distintas razones, pero de entada, han tenido que ser cuatro, en función del número 4



Los cuatro rumbos del universo

El este era el rumbo del amanecer y por lo tanto del inicio y del renacer del sol y de la luz, se le relacionaba con la cara luminosa del planeta Venus en su ciclo matutino, y con la infancia; el sur era el rumbo del medio día, por lo tanto, del sol en el zenit, y tenía, como el sol, las características viriles del guerrero y del hombre en su juventud plena; el oeste tenía mucho que ver con la tierra y con lo femenino, así cómo con el ciclo vespertino y decadente del planeta Venus, así como con la madurez y la experiencia; el norte era la obscura región de los muertos, la media noche, la vejez y la luna. Cabe mencionar que los cuatro rumbos forman entre si un par de contraposiciones interesantes, una, representada por este - oeste, o lo que es lo mismo, Venus - tierra; y otra más por norte - sur, o sol - luna. Estas contraposiciones formaban dos ejes sobrepuestos entre si en la forma de una cruz, o frecuentemente en forma de una "equis". Estas dos líneas sobrepuestas son el símbolo básico de los cuatro rumbos en la iconografía antigua, y no sólo de los mesoamericanos, sino de tantas otras culturas en el mundo, y es el concepto iconográfico detrás del signo número 17 del zodiaco, Ollín, la estrella, a la cual dedicaremos pariular a tención en posts futuros.

La historia, los mitos, así como la personalidad y simbología presente en los innumerables dioses que se le asignaban a cada rumbo, permiten concluir que la relación dada entre dichas contraposiciones (ejes) es de carácter complementario, en el caso de Tierra - Venus; y antagónico cuando se trata de sol - luna. De esta forma, tenemos, sólo por mencionar un puñado de ejemplos, que Chimalma (La tierra), se empareja irremediablemente con Mixcóatl (Venus), padre de Quetzalcóatl, y furioso guerrero vencedor del monstruo de la noche (la mariposa de obsidiana), y quien, sin embargo, sufre una fuerte disminución en su furia guerrera cuando conoce a la monumental y estoica Chimalma, con quien se empareja y a quien fecunda, tal cómo el astro que desciende en el atardecer pierde su ardor al penetrar en la tierra; Cintéotl, el recién nacido Venus, nace de la decadente (por pecadora) Xochiquetzalli; la tierra es fecundada por Venus, o Venus nace de la tierra, así como el astro parece nacer de la tierra por el este. Hay casos en los que ambos, este y oeste son representados por una pareja de ancianos asimilada con la mismísima pareja creadora. De cualquier manera, este y oeste llevan una relación comolementaria, amorosa. El otro par, conformado por el norte y el sur, lleva una relación más violenta. Más que como complementos, se les miraba como enemigos naturales. Entre los dioses más famosos relacionados con estos rumbos se encuentran Quetzalcójatl, y su eterno rival, el espejo humeante, Tezcatlipoca.

El Zodiaco

Los 20 signos zodiacales representan días, meses o años, dependiendo del calendario que se use, para el calendario que "cuenta los años", el Xiuhpohualli, los signos que se usan son cuatro sólamente, y representan, como el nombre del calendario lo indica, años: año conejo, año caña, año pedernal, año casa. si se mira el zodiaco cómo un círculo, estos cuatro signos ocuparían la posición de las esquinas, si se trazara un cuadrado dentro del círculo. Los cuatro símbolos representan los cuatro árboles que sostienen el cosmos desde los cuatro rumbos del universo, y son el pilar del calendario.

El Tonalámatl, o "libro de los días", que es el calendario sagrado, usa los veinte signos plasmados en meses de 13 días (trecena) de duración cada uno. Finalmente, el Tonalpohualli, o "cuenta de los días", que es el calaendario que nos compete, y usa los veinte signos como días que completan un mes de 20 días (veintena), y las veintenas, una vez más, eran 18.

Además de sus dioses regentes, cada signo del zodiaco estaba asociado con un rumbo del universo y a un color específico. Los rumbos del cosmos a los que los signos se relacionan variaron mucho de cultura a cultura en la Mesoamérica antigua, sin embargo, a la fecha del arribo de los españoles a México, al menos entre los pueblos del altiplano central, era común encontrar la siguiente secuencia, asignada a los signos: este, sur, oeste, norte, la cual se repetía en este mismo orden cinco veces a través de los veinte signos, asignando así cinco signos a cada rumbo.

El Calendario

El calendario de uso más difundido entre los antiguos mexicanos fue el que los Nahuas del centro del país llamaron Tonalpohualli, que significa, literalmente, la cuenta de los años. Todo estrato social se servía de este calendario de 365 dias, dividido en 18 meses con únicamente 20 días cada uno, más un último mes de tan sólo cinco, de nombre nemontemi, ligando los días primero y último de cada año.

Las veintenas, como dije, eran 18, y cada uno de sus veinte días tenía el nombre de un signo zodiacal. El zodiaco mesoamericano contaba con 20 signos, cada uno con un diós "cargador" (que lleva cargando el signo en la espalda), o patrono, cuya personalidad y simbolismo determinaba en gran medida el tipo de día, de mes, o de año al que un signo zodiacal diera su nombre.

Los 18 meses del tonalpohualli se encontrsaban divididos es dos grandes estaciones marcadas por un fenómeno natural muy regular y y predecible en una medida aceptable: la lluvia. En la mayor parte del territorio mesoamericano, la lluvia comienza a caer a finales de marzo, principios de abril, preimero algo tímida, ligera, intermite; luego un poco más frecuentemente. Luego hace una pequeña pausa a pricipios de junio, sólo para arremeter con fuerza un par de semanas después y entrar de lleno a la estación lluviosa, que trae tormentas y chubascos durante los meses de julio, agosto, dónde alcanza su climax para comenzar a decrecer en fuerza y frecuencia a partir de la segunda mitad de septiembres. En un año regular, las lluvias habrán cesado a princiopios del mes de octubre, completando así, un húmedo ciclo de medio año (seis meses actuales de 30 ó 31 días, ó 9 meses antiguos de 20 cada uno). La estación de lluvias era equiparada, en la antigua mente colectiva mesoamericana, con todo lo femenino, lo obscuro, naturalmente lo acuoso, era el paso del sol por el inframundo tras su recorrido diario por el cielo azul y tras penetrar en el horizonte (mar o tierra). De manera última, la estación lluviosa era asemejada a la noche, por lo que el principio de dicha estación representaba al atardecer, mientras que el final de la misma emulaba los últimos momentos de la noche, justo antes de amanecer. Esto explica que al principio del año, en Ochpaniztli, se celebrara a la hermosa Xochiquetzal siendo fecundada por el coyote transgresor del paraíso,en representación del sol penetrando en la tiera, terminando así, el plácido paraíso que supone la tarde, para entrar de lleno a la obscura y acuática noche, vía el oeste, el rumbo del universo que era femenino por excelencia, cómo la noche, las humedades, y el medio año lluvioso.. En náhuatl, la palabra "oeste" significa, literalmente, "el rumbo de la mujer", cihuatlampa.

En términos productivos, las dos mitades en que estaba dividido el año, eran extrañamente complementarias. La mitad femenina - nocturna - acuática del año estaba dedicada a la siembra y cuidado de la planta de maíz, cuya siembra precedía, y en muchos casos, precede por poco a la temporada de lluvias, la cual asegurará el crecimiento de las matas a lo largo de la estación de lluvias, que concluye poco después del equinoccio de otoño, cuando las doradas mazorcas, equiparadas con el sol, se encuentran listas para ser cosechadas, marcando así, el inicio de la segunda mitad del año, la mitad solar - masculina - seca, en que el maíz sería consumido. En reciprocidad, a lo largo de la estación seca se producía el pulque, bebida fermentada de color blanco íntimanete relacionada con la luna. Esta bebida era producida durante la estación seca, para ser consumida durante la estación de lluvias, en particular durante la segunda y tercera veintenas de esta estación, denominadas Téotl Eco y Tepeílhuitl, respectivamente, o de otra forma, Pachtontli y Huey Pachtli, las fiestas menor y mayor del pachtli, una plantita trepadora, similar al heno que cuelga de los árboles en México la mayor parte del año y que estaba misteriosamente relacionada con el pulque, aunque hoy por hoy se ignora a ciencia cierta el porqué, tal vez era usada en algún punto durante la preparación del mismo. Pachuca, ciudad pequeña a tan sólo cincuenta minutos de la antigua ciudad de tenochtitlan, debe su nombre al Pachtli. Curiosamente, y a nivel de mera leyenda urbana, es costumbre entre muchos pachuqueños, y no sin singular dejo de orgullo, contar que el pulque fue inventado precísamente en esta región del país, lo cual no puede ser completamente probado, pero tampoco descartado. De cualquier forma, si la ciudad de Pachuca, o de hecho que el estado de Hidalgo en si, resultase no ser la gloriosa cuna del pulque, a la fría luz de los hechos, si ostenta el nada glorioso título de ser el estado más alcohólico a nivel nacional. La estación de lluvias era la época del año en que se producía la solar y consistente mazorca de maiz, mientras que se consumía el pulque. Paralelamente, aunque en sentido contrario, durante la estación seca se producía el lunar y líquido pulque, y al mismo tiempo se producía el maíz, que sería consumido a lo largo de la estación siguiente.

La recolección del maíz marcaba el inicio de la estación diurna- masculina - seca del año, que tenía lugar a finales del mes de septirmbre El diós del maíz, al igual que los dioses del sol, tiene cabellos rubios y lleva el rostro pintado de rojo

domingo, 12 de septiembre de 2010

Mesoamérica

El término Mesoamérica se refiere a la región geográfica y cultural comprendida entre los paises de la América Central y las partes centro y sur de la república mexicana.

Las culturas que florecieron en Mesoamérica antes la llegada del hombre europeo se desarollaron en total aisamiento de las demás civilizaciones en el planeta, permitiéndoles construir una civilización única, sin influencia de ninguna otra, siendo considerada, junto con el valle del Cáucaso, el delta del Nilo, la región Andina, la media luna fértil y la rivera del río amarillo; como una de las seis civilizaciones originarias del planeta, es decir, uno de los seis lugares en el mundo en donde se dió el tremendo salto desde lo que hoy entendemos como animal hasta lo que hoy entendemos como hombre.

Como civilización, el mundo mesoamericano terminó con la llegada del hombre europeo a tierras americanas, pero la cosmovisión de esos hombres continúa viva en hombres actuales que la llevan tal y como la llevasen sus ancestros (que también son los nuestros) muchas generaciones atrás, y el fulgor de dicha cosmovisión, es un verdadero pilar vivo de nuestra idiosincrasia nacional que toca y afecta culturalmente a todos aquellos que pertenecemos culturalmente a esta región. Afecta nuestra forma de ser, de actuar, de hablar y de entender el mundo. Sus raíces son también las nuestras y cómo tales, nos nutren y nos tocan de maneras profundas y significativas.


Dos pilares de la cosmovisión antigua




Entre los mayores logros culturales mesoamericanos se encuentran, sin duda, la "domesticación" del maíz, y la creación de sofisticadas herramientas y sistemas de medición del tiempo. El primero permitió a las culturas primigenias mesoamericanas de los inicios tener un sustento regular y seguro, y así, abandonar el antiguo estilo de vida salvaje y pobre que supone la vida nómada. El maíz permitió al hombre volverse sedentario y opulente, lo que eventualmente lo llevaría a alcanzar un estilo de vida "civilizado", diferenciándolo decisivamente del mundo animal. Quizas sea precísamente por eso que entre los antiguos, el diós del maíz (Cintéotl, para los nahua-parlantes) era también el diós de la humanidad, el primer hombre, la primera luz en el mundo, la luz de la civilización en un mundo lleno de obscuridad y salvajismo. El concepto que resulta de la contraposición entre salvaje y civilizado (chichimeca -tolteca), será un concepto de impotancia enorme que se arraigó profundo en el alma del México prehispánico.

En cuanto a los calendarios, estos constituyeron un fuerte elemento de cohesión entre las diferentes culturas mesoamericanas, pues aunque variaban considerablemente en nombres e iconografía a través de la región entera, la verdad del asunto es que los elementos y conceptos centrales en todos los calendarios mesoamericanos son, básicamente, los mismos. Más allá de la simple cuenta y cómputo de los días y años, el calendario en el México antiguo constituyó la fuente de TODA inspiración artística, científica, arquitectónica y religiosa; habiendo muy pocos espacios en la vida pública o privada que quedaran fuera de alguna de sus áreas de influencia. Todo diós era la representación de un astro peregrino en su viaje por cualquiera de los tres mundos, celeste, terrestre, o subterráneo; todo edificio, toda plaza, todo templo, todo patio, una representación del cosmos mismo; el nacimiento, consolidación, decadencia, y caída de un imperio, eran frecuentemente asimilados a conceptos temporales como el amanecer, el medio día, el atardecer y la media noche; de igual forma la vida de un hombre, o un ciclo cualquiera. El calendario estaba presente en toda actividad humana desde el momento mismo del nacimiento. Además, el calendario era el mismo para todos, al igual que los dioses y los rituales que de él se desprendían. En este sentido, pese a la aparente complejidad multicolor en el mosaico de los diferentes pueblos que conformaron el méxico prehispánico, hay dos calendarios esenciales para todos. Sin duda no son los únicos que hubo, pero sí los más populares entre los pueblos de mesoamérica: el tonalpohualli y el tonalámatl (náhuatl).

Este blog pretende combinar los dos principales elementos culturales mesoamericanos (maíz, calendarios), y documentar la antigua manera de medir el año. Para eso, me serviré del tonal pohualli, calendario de 360 + 5 días, usado en todos los estratos y posiciones de las sociedades antiguas, y del ciclo tradicional de la siembra del maíz en México. El propósito es documentar la profunda y compleja relación que existe entre ambos, y los ciclos descritos por los astros en el cielo.



Mi fuente de información primaria para este trabajo, son los códices mismos, dando más valor a aquellos de manufactura prehispánica, que a los coloniales. Para determinar la posición de inicio del tonalpohualli con respecto al año trópico (el año natural), me baso en la teoría propuesta por Michel Graulich, investigador y catedrático de la Universite libre de Bruxelles, la cual explicaré más a detalle en posts por venir, pero que en términos generales, sitúa el inicio del año ritual a una semana y cinco días nefastos después del equinoccio de primavera, y propone un desplazamiento del calendario a través de los años a partir de una fecha inicial que curiosamente coincide con el fin del periodo clásico mexicano, marcado por la misteriosa auto-inmolación de las ciudades mayas, zapotecas y toltecas más importantes de dicho periodo, y el posterior advenimiento de épocas más obscuras en que se pierde la escritura y mucha civilización. El final del clásico marca el inicio de la era chichimeca. Graulich ubica esta fecha en alrrededor de 680 - 684 dc., y a partir de esta fecha, el calendario comienza a desfasarse del año trópico, a razón de un día cada cuatro años, y esto fue así, debido a que los antiguos no contemplaban un año bisiesto como lo hacían los europeos para corregir cada cuatro años el sobrante 1/4 de día que queda suelto cada año que pasa, pues el año trópico dura en realidad 365 días + 1/4 de día. Pese a que los prehispánicos conocían la duración trópica real del año, permitieron desplazar su calendario ritual en el tiempo , diferenciándolo del trópico a razón de un día cada cuatro años, para no comprometer ciclos más grandes con los que su calendario estaba ligado, como el ciclo del tonalámatl, el calandario mágico, con el que se empataba cada 52 años; así como con el ciclo de venus, con el que ambos calendarios se empataban cada 104 años (es decir, cada dos ciclos de 52 años). una corrección bisiesta habría destruido tal construcción temporal, que era una suerte de arquitectura divina, dictada por los astros, el maíz, y por la naturaleza misma en todos sus ciclos. Una construcción divina que trascendía lo temporal para "espejearse" con lo espacial, tal como sus pirámides, templos, y todo sobre el tlalticpac mismo, con sus cuatro rumbos, nos lo hacen ver; el cosmos.. la arquitectura misma del universo, en la que todo rito y todo mito estaba basado.


Finalmente, debo mencionar que este proyecto también se nutre en los abundantes textos coloniales escritos por hombres que intentaron documentar las creencias, usos, y costumbres de culturas que ellos mismos estaban por destruir. La mayor parte de estos hombres fueron religiosos de la iglesia católica, y como tales, su visión denota evidentes límites y sezgos. Todo aquel que intenta documentar "algo" con la idea firme en la mente y el corazón de que ese "algo" debe ser destruido, no pude ser un observador objetivo, por lo que dichos textos serán siempre considerados, pero no sin una cierta dosis de desconfianza por parte mía.

En fin, disfruten

F!